Las experiencias diluidas

 

              Me encuentro en el acuario del puerto de Veracruz, una hermosa instalación interactiva donde la gente puede disfrutar, divertirse y aprender  acerca de su entorno, su biodiversidad y su planeta en general. Sin embargo, no es  el inmenso tanque de tiburones ni la acertada reproducción de la selva de los Tuxtlas la que llama mi atención, no son los peces de colores  ni las rayas gigantes, son mis propios congéneres, los seres humanos.

No puedo evitar darme cuenta que han evolucionado su postura y forma: una mano extendida delante de su campo de visión sosteniendo su smartphone,  a través el cual ven el mundo. Sacar videos y fotos para tener el registro y verlas después no me resulta tan lógico, si ya pagaste (o no) una entrada y ya estás ahí,  es para vivir directamente la experiencia con tus propios sentidos. Me sorprende ver cómo la gente se preocupada por sacarle una foto a un delfín cuando en las enciclopedias o en Internet encontrarás millones de tomas mejores, yo en ese momento estaría preocupado por vivir la experiencia directa sin un velo tecnológico de por medio.

Esto me orilla a pensar que los seres humanos hemos perdido un poco  la habilidad de tener experiencias directas con los acontecimientos, los objetos y las emociones. Como si temiéramos algo, los dispositivos tecnológicos se han vuelto un colador de la realidad, de lo sensible. Hemos cambiado el ritual del conocer sensorialmente un objeto, una palabra, un lugar, una persona y lo hemos sustituido por la mediación digital, preferimos buscar la definición en la red,  su descripción en Wikipedia o visitar un perfil de Facebook. La realidad aumentada parece reducir al ser humano.

¿Qué tan temerosos estamos de retomar las experiencias? ¿Por qué no arriesgarnos a capturar en nuestra mente esos momentos especiales en lugar de tomarles  miles de fotos? ¿De qué sirve subir un mal video a YouTube en lugar de haber disfrutado cada segundo y cada detalle del mejor concierto de tu vida? Por si fuera poco, tienes que cuidar que el tumulto no te despoje de tu preciado aparato. Al menos considero menos doloroso perder un smartphone que perderme a mi grupo favorito en directo.

Rodrigo Aragón-Cuahonte IX / @Rwddael